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viernes, 21 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 15: Reanudar

Capítulo 15 Reanudar
PRIMERO DE NOVIEMBRE (DIARIO DIECISIETE)
Hoy es el primer día de noviembre. Ya ha venido el frío a Les Àguiles. Estoy bastante recuperado de la conmoción que tuve hace unos días. Ya sabía que este desengaño pasaría tarde o temprano. Fue una pequeña alteración de sentimientos que duró cinco días. Aquel tiempo fue muy breve, pero muy bonito. Y es que ella me sigue pareciendo una persona maravillosa, con la que estaría todos los días de mi vida.
En todo caso, no me quiero obsesionar. Eso sí, la quiero mucho.

En cuanto a mis cuatro amigos, tenemos una relación muy fuerte. De hecho nos consideramos los cuatro artistas. De vez en cuando cantamos alguna canción de la Gaga, hablamos entre nosotros de novios y novias. Quedamos algún día en el café. Sobre todo lo que nos caracteriza son nuestras risas adolescentes, a veces exaltadas por gimoteos.
Al fin y al cabo somos jóvenes al borde de un ataque de nervios. Las hormonas nos hacen más peculiares y más graciosos. De vez en cuando, hago alguna broma y me siento muy cómodo con ellos.
Todo esto no hubiera pasado, si no fuera por la atracción que recibí de Jessica, siempre acompañada con su amiga Roser. Ella siempre lleva sus ondulaciones y el pelo rizado de color chocolate. A decir verdad, la miraba constantemente. Es una chica nueva que proviene del Sagrado Corazón, al igual que su inseparable compañera. Suele hablar mucho con Albert, ya que tienen una amiga en común y comentan lo chiflada que es la Lucecilla.  Eso me daba igual. A mí lo que me chiflaba era la pálida cara de Jessica. No es que me gustara, pero sentía unas ganas tremendas de saludarla. Eso no fue hasta que nos acercamos al Bar Mestral, donde estaban sentadas las dos. Le dije a mi amigo ruso, Vladimir y a Albert que fuéramos a ver qué hacía la pareja.
En aquel momento, nos encontrábamos en la hora del recreo y podíamos salir fuera del recinto escolar. Y en aquel momento, mantuvimos una conversación breve.  El taciturno Vladimir le costó mucho presentarse y decir alguna que otra palabra. A mí también, pero finalmente, pude dirigirle la palabra a los “Rizos de Chocolate”. Me encantaba su blanca cara, tan dulce como ella misma, su pequeña nariz de conejito y sus ojos saltones.
También fui consciente de que Roser (o “Rizos de Oro”, por su cabellera rubia) fue a catecismo en la parroquia del pueblo cuándo éramos más pequeños. Aún sigue yendo a misa cada domingo y canta con los amigos de la iglesia. A veces se ausenta en las quedadas que organizamos por ese motivo. O eso dice el chocolate…
Ahora por la noche, Ainara me saluda y me dice que está leyendo Tom Sawyer. Eso me encanta de ella. Leer libros es una de las pasiones que tenemos en común. Y a pesar, de que hace poco me impacté por lo que ya he explicado (Mikel, por favor olvídate de eso) ella sigue siendo la chica con la que he soñado. Para por favor, piensa en otra cosa. Se desencadena, a partir de mi memoria, una nueva conversación:
-¿De Dickens?
-Sí, ¿cómo puedes saber tanto de los autores?
-Es que tengo memoria fotográfica.
-¿Sí? Tal vez tengas mucha memoria.
-Cuando venga en verano, te lo enseñaré, Ainara – le dije.
-Vale. Eso sí, tienes memoria fotográfica, pero cuando vengas quiero que nos saquemos fotos – responde ella dulcemente.
-Por supuesto, Ainara. Contigo siempre. ¿Qué cuentas?
-Que tengo ganas de abrazarte.
Cállate, estúpido. No te emociones.  Eso me solía decirme a mí mismo, pero es que no puedo desaprovechar para decirle:
-Lo mismo digo.

Se alarga la conversación hasta medianoche. Y sigo diciéndome: “Madre mía, como puede decirme estas cosas a alguien como yo…”. Es que nadie nos puede separar por mucha distancia que nos separe.

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