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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Diecisiete | Capítulo 19: Aerografía

Capítulo 19: Aerografía
Desconecto en muchas clases por el poco empeño que los maestros le ponen a las lecciones.
Probablemente, creáis que estoy soñando únicamente en Ainara, pero no es así.
Como otros muchos compañeros tengo en mente a qué universidad y en qué carrera me puedo especializar. Obviamente, eso no se aleja de la realidad. La primera opción no la ratifico rotundamente, pero querría ir a la Universidad de Vitoria, y de la segunda, estoy muy seguro de hacer filología hispánica. De hecho, es mi lengua natal, ya que mis padres no nacieron aquí. Mi madre, para variar, también es vasca (de ahí, mi nombre) y mi padre es castellanoleonés. Yo nací en Lleida, en n hospital bastante conocido en la provincia. Me encanta la literatura en general y algo que he heredado de mi madre, es la pasión por leer y por aprender lenguas, y el castellano, me parece un idioma bastante bello y variopinto.
En fin, a lo que me venía a referir, era algo bastante diferente. De nuevo, me toca la literatura universal y para hacer las actividades que ha mandado el profesor, mejor me pongo me inspiraré en un libro que deseo escribir. El nombre provisional es “Anestesia” y se basa en la historia de un chico de dieciséis años, que después de haber sufrido el rechazo de algunos de sus compañeros de trabajo, se encuentra en un problema bastante complicado de solventar. Para ello, decido escribir con mi dedo índice el título de mi novela: “Anestesia” y lo subrayo con tinta invisible. Anoto la momentánea reseña con una letra ligeramente más reducida y reviso los posibles errores. Después, bajo la cabeza y recojo todas las ideas. Inmediatamente, mi dicharachero profesor plantea una cuestión de gran importancia:
-¿Qué pasa? ¿Apuntas lo que piensas en el aire?
Respondo con un lacónico “sí” y un desafortunado y sobrante “¿Por qué?”
-No sé, quizá te he visto que estabas escribiendo o dibujando.
Se suceden ciertas carcajadas y al coro de la risa, se añade la mía.
Y vuelvo a bajar la cabeza, haciendo ver que estoy trabajando. Entiendo que cualquier persona, no me tomaría por alguien demasiado “normal” por mi acción. Más bien (como dicen en mi casa) me toman “por el pito de un sereno”.
Aunque, admito que la ocurrencia de mi maestro ha sido acertada. Si hubiera sido otro quién moviera el dedo de aquella manera tan extraña cómo lo hacía yo, también me habría reído. Eso sí, sin ánimo de ofender.
Un momento. Se me ocurre una idea bastante buena para mi novela.   

viernes, 25 de diciembre de 2015

Diecisiete | Capítulo 18: Atleta

Capítulo 18 Atleta
Hoy no es un día cualquiera. Me toca correr durante doce minutos unas cuantas vueltas. La competición empieza a las cuatro y media.
Pero antes, estaré en clases aburridas, concretamente en literatura universal. Sí, cada vez empieza a haber más deberes y estoy a punto de realizar la primera semana de exámenes del curso.
Bastante hace que el frío está tomando Les Àguiles. Aunque, siempre me envuelve gente fría. Cojo la chaqueta y me voy con Roses, Albert y los demás al patio, para seguir con la tradición de charlar sobre profesores, novios y amores, intercambiando una gran variedad de carcajadas. Si os he de ser sincero, estoy enamorado de Jessica desde principios de noviembre. Vale, me hace tilín. Pero estoy totalmente convencido de que su piel pálida, sus pasitos de lebrel y sus rizos achocolatados me cautivan. Para ratificar esta satisfacción, necesito acercarla y alzarla ligeramente hacia mi cuerpo, viendo sus ojos color café y su inocente sonrisa.
Pero de todo esto no quiero que se entere Ainara. Permanece el cariño que tengo por ella y anhelo viajar para podernos ver.
He acabado de comer y esta tarde celebro la prueba atlética de gimnasia. Por orden alfabético, me toca correr en la segunda tanda con el referente y competitivo Gerard. Ahora mismo, han empezado los del primer grupo y a los pocos minutos, algunos corredores se han disgregado del pelotón. El primero gana de calle y va decidido a pasar por la línea de salida tantas veces como pueda.
 Mientras dobla a los demás en vueltas, yo las doy a Ainara. Miro el horizonte que divisa el campo y el cielo. Ella es atleta también, ahora que me acuerdo. Cada vez falta menos para vernos y a una distancia de seiscientos kilómetros, ella me da felicidad y no me extraña que hoy por hoy piense en alcanzar el objetivo de conocerla en persona.
Finaliza el primer turno. Me toca correr y dar lo mejor. Me fijo en el cielo y entre las nubes se muestran unos pocos rayos de sol. Creo que está a punto de llover y el tiempo es afín a mi estado de ánimo. En fin. Me sitúo en la línea de salida y entre mis profundas cábalas, se oye un “¡ya!”. Automáticamente se disipan mis reflexiones y mis piernas van cada vez más rápido. Seguidamente, voy avanzando posiciones y me destaco en los primeros puestos. Por fin, he activado mi agilidad atlética y en un momento dado, bajan el listón. Algo que no quiero hacer con Ainara. Quiero seguir en un ritmo bueno, dando zancadas e ir por la senda que conduce Euskadi.
Mierda, hay un chaval que está pisando fuerte. Se acrecientan las ganas de poder igualarle. Deseo subir la marcha sin forzarme demasiado, porque  así no tendría ningún problema en aventajarse e incluso doblarme. Aún así, me la voy a jugar. Realizo un sprint y me coloco el primero. Maquinalmente, giran las cabezas y el segundo adivina mis intenciones. Me alcanza. Codeamos. Competimos. Pero ninguno de los dos quiere cansarse y debilitarse más. Primera vuelta completada. La profesora de gimnasia nos da el aviso y nos exhorta a no parar.
Me estoy empezando a fatigar. Esta vez, no hay cuatro corredores taponándome el paso. Sólo me obstaculizan mi contrincante y mi poca energía. De fuerza, podré presumir poco. Sin embargo, poseo bastante resistencia física en las carreras. El contador avisa.
No puedo más. Se me consume la energía máxima. Así que algunos adversarios aprovechan mi desgaste para adelantarme y sacar un buen trecho. Como hay un pelotón bastante distanciado, ahora me encuentro en tierra de nadie, sin presión ni tensión. Volviendo a una velocidad normal, sin apretar el acelerador. Y es así como contemplo el paisaje seco que se distingue, en el campo de poniente. Bastante relajante, pero nada húmedo en comparación con el de País Vasco y vacía de gente con su delicadeza...

viernes, 28 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 17: Ainara, me cambiaste la vida

Capítulo 17 Ainara, me cambiaste la vida
6 de noviembre
Me despierto recordando que hoy es el cumpleaños de Ainara. Camino hasta el lavabo que está a tres pasos y me miro en el espejo. Me noto muy cambiado. Sigo teniendo las mismas ojeras de siempre, pero mi boca seria ha pasado a ser una ligera sonrisa. Mis ojos café se ven reflejados y parece ser que ya no los tengo inyectados en sangre. Acerco mi faz al cristal y mis pupilas brillan. Me siento mejor.
Eso sí, sigo con la costumbre de desayunar una naranja, la leche y unas tostadas.  Me lavo los dientes y me voy a la aburrida clase del jueves, a las ocho de la mañana.
A última hora, dan clases de filosofía y la profesora ya vuelve con Aristóteles, Sócrates y las teorías platónicas. Un momento, Platón… El amor platónico. Mmm, no tengo ninguno, creo yo. Me aburro y voy a escribir un poco de amores, Ainara por ejemplo. Gilipollas, que es su cumpleaños.
Vale, Mikel. Pues procede: primero vas al salón, luego coges el móvil y vuelves sigilosamente a tu habitación. Finalmente, le grabas un mensaje de voz. Después de hacer toda la acción, pulso en su perfil y le digo lo siguiente:
“Oye Ainara, ¿qué tal estás? ¡Felicidades! Hemos pasado sólo unos pocos meses y soy feliz únicamente por haberte conocido. Sí, yo me voy haciendo viejo, dieciséis años. Pero parece mentira, que te hayas convertido en quinceañera, porque eres una persona muy madura y normalmente las hormonas se revolucionan. Te doy mi amistad y todo mi cariño. MZ”.
Estoy satisfecho. Ainara ha sido una chica que siempre ha demostrado ser muy inteligente y con más conocimientos que los de su quinta. Sin embargo, si no hubiera sido tan amable como lo es, no sería lo mismo. No sólo es guapa, sino que es bella en todo su ser.
Aún así, creo que la atosigo demasiado. Normalmente, cuando pienso en negativo, suele ocurrir eso. No lo sé, la quiero. Alguien como ella siempre ha sido la chica que he soñado. Le gusta leer libros, es amable, inteligente, le encanta practicar atletismo… No creo en el destino, pero las cosas que pienso o que sueño se hacen realidad la mayoría de las veces. Esta es una de las pocas cosas buenas que he soñado y que parece ser que se ha cumplido.
Una hora después, recibo su respuesta:
“Mikel. Mila esker. Yo también soy feliz. Pero aún lo estaría más si te tuviera a mi lado. Es verdad, voy creciendo. ¡Sí, eres viejísimo! Bueno, te dejo, me voy a la fiesta de cumpleaños. Luego hablamos. Agur”.

Gracias a ti por ser tú misma. Muchas gracias por aceptarme.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 16: Suspiro


Capítulo 16 Suspiro
17 de noviembre
Vuelvo a la rutina. Hoy es lunes y probablemente, es el peor día de la semana para todo el mundo. Para mí, quizás lo sea. Aunque agradezco las clases que me tocan.
Ahora estoy en clase de latín, delante de mi profesora. A mi lado tengo a Albert y a mis espaldas, a Roser y a Jessica. Todos estamos extremadamente aburridos. Bueno, a excepción de Roser que le encanta aprender los tiempos verbales. “Amo, amas, amat, amamus, amatis, amant”. Está chupado el presente de indicativo, así que me dedico a recordar a Ainara. Por fin cumplimos nuestro primer mes. En ese pequeño espacio de tiempo, los cinco hemos creado nuestra propia cuadrilla y además, he conocido a la mejor chica. Eso sí, a muchos kilómetros a la redonda. Por ella, suspiro.
 Salgo de clase a las tres de la tarde y salimos juntos los cinco. Vladimir y yo nos quedamos fuera de la conversación que tienen las chicas y Albert.
-Niños –dice Jessica con monería- ¿qué os parece si nos vamos algún día a la disco?
Sólo he ido una vez a la discoteca y soy un hombre muy sereno. Aunque recuerdo, que cuando era más chiquitín, me encantaba bailar. En una ocasión, meneé mi cuerpo al ritmo de las canciones pop en unas fiestas del pueblo, unas dos horas. Ciertamente, dormí como un tronco y al día siguiente, estaba como nuevo.
Con todo y con eso, siempre he destacado por ser el más calmado de la clase. Aunque ahora que me lo proponen, no estaría nada mal, conmemorar este, todavía, corto tiempo de Bachiller.
Roser y Albert están completamente de acuerdo en celebrar nuestra amistad de esa forma.
En cambio, a Vladimir no le gusta el alboroto de las fiestas y niega por completo esa idea. Yo estoy indeciso. No sé si a mis padres les gustará la idea de que me vaya a otro pueblo a medianoche y que luego, al finalizar por allá a altas horas de la madrugada volviera. Así que les digo que se lo confirmaré mañana. Regreso a casa con la mochila cargada de libros de texto y con el temor de fallar a mis amigos, en caso de que mis padres me dijeran que no.


viernes, 21 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 15: Reanudar

Capítulo 15 Reanudar
PRIMERO DE NOVIEMBRE (DIARIO DIECISIETE)
Hoy es el primer día de noviembre. Ya ha venido el frío a Les Àguiles. Estoy bastante recuperado de la conmoción que tuve hace unos días. Ya sabía que este desengaño pasaría tarde o temprano. Fue una pequeña alteración de sentimientos que duró cinco días. Aquel tiempo fue muy breve, pero muy bonito. Y es que ella me sigue pareciendo una persona maravillosa, con la que estaría todos los días de mi vida.
En todo caso, no me quiero obsesionar. Eso sí, la quiero mucho.

En cuanto a mis cuatro amigos, tenemos una relación muy fuerte. De hecho nos consideramos los cuatro artistas. De vez en cuando cantamos alguna canción de la Gaga, hablamos entre nosotros de novios y novias. Quedamos algún día en el café. Sobre todo lo que nos caracteriza son nuestras risas adolescentes, a veces exaltadas por gimoteos.
Al fin y al cabo somos jóvenes al borde de un ataque de nervios. Las hormonas nos hacen más peculiares y más graciosos. De vez en cuando, hago alguna broma y me siento muy cómodo con ellos.
Todo esto no hubiera pasado, si no fuera por la atracción que recibí de Jessica, siempre acompañada con su amiga Roser. Ella siempre lleva sus ondulaciones y el pelo rizado de color chocolate. A decir verdad, la miraba constantemente. Es una chica nueva que proviene del Sagrado Corazón, al igual que su inseparable compañera. Suele hablar mucho con Albert, ya que tienen una amiga en común y comentan lo chiflada que es la Lucecilla.  Eso me daba igual. A mí lo que me chiflaba era la pálida cara de Jessica. No es que me gustara, pero sentía unas ganas tremendas de saludarla. Eso no fue hasta que nos acercamos al Bar Mestral, donde estaban sentadas las dos. Le dije a mi amigo ruso, Vladimir y a Albert que fuéramos a ver qué hacía la pareja.
En aquel momento, nos encontrábamos en la hora del recreo y podíamos salir fuera del recinto escolar. Y en aquel momento, mantuvimos una conversación breve.  El taciturno Vladimir le costó mucho presentarse y decir alguna que otra palabra. A mí también, pero finalmente, pude dirigirle la palabra a los “Rizos de Chocolate”. Me encantaba su blanca cara, tan dulce como ella misma, su pequeña nariz de conejito y sus ojos saltones.
También fui consciente de que Roser (o “Rizos de Oro”, por su cabellera rubia) fue a catecismo en la parroquia del pueblo cuándo éramos más pequeños. Aún sigue yendo a misa cada domingo y canta con los amigos de la iglesia. A veces se ausenta en las quedadas que organizamos por ese motivo. O eso dice el chocolate…
Ahora por la noche, Ainara me saluda y me dice que está leyendo Tom Sawyer. Eso me encanta de ella. Leer libros es una de las pasiones que tenemos en común. Y a pesar, de que hace poco me impacté por lo que ya he explicado (Mikel, por favor olvídate de eso) ella sigue siendo la chica con la que he soñado. Para por favor, piensa en otra cosa. Se desencadena, a partir de mi memoria, una nueva conversación:
-¿De Dickens?
-Sí, ¿cómo puedes saber tanto de los autores?
-Es que tengo memoria fotográfica.
-¿Sí? Tal vez tengas mucha memoria.
-Cuando venga en verano, te lo enseñaré, Ainara – le dije.
-Vale. Eso sí, tienes memoria fotográfica, pero cuando vengas quiero que nos saquemos fotos – responde ella dulcemente.
-Por supuesto, Ainara. Contigo siempre. ¿Qué cuentas?
-Que tengo ganas de abrazarte.
Cállate, estúpido. No te emociones.  Eso me solía decirme a mí mismo, pero es que no puedo desaprovechar para decirle:
-Lo mismo digo.

Se alarga la conversación hasta medianoche. Y sigo diciéndome: “Madre mía, como puede decirme estas cosas a alguien como yo…”. Es que nadie nos puede separar por mucha distancia que nos separe.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 14: Percatación

Capítulo 14 Percatación
Todo lo que os he relatado hasta ahora no es nada más que el pasado escrito en mi diario, que necesito como escritor que soy.
Ahora, en el presente, tengo diecisiete años y dentro de unos días me iré a la universidad. He pasado la Selectividad con un notable y el Bachillerato y todos los proyectos hechos hasta ahora también han ido correctamente.
Dentro de unos días, podré volver a observar aquellos prados verdes que caracterizan Vitoria*. Os iré relatando a lo largo del libro cómo transcurren mis aventuras en los bellos páramos de la capital.
He quedado con mis tíos y mi abuela para que me den una cálida bienvenida y me hospeden, mientras yo busco un piso para vivir. Además, he quedado con Ainara. Eso sí, unos días más tardes para poder descansar del largo viaje.
(Seguramente, lectores, os podéis imaginar que seguimos manteniendo un contacto -a pesar de mantenerse lejano, hasta la semana que viene-. Pero no sabéis -u os preguntaréis- qué tipo de relación tenemos entre nosotros dos. De momento, os quiero dejar con la incógnita. Para que no os aburráis, os explicaré todo lo que ha ocurrido durante este año pasado).
Estoy muy ilusionado por poder disfrutar de la vegetación propia de la tierra, estudiar lo que me gusta y (si todo sale bien) poder conocer a gente afín a mis gustos. Pero todo esto lo iré viendo a medida que pase el tiempo. En fin. De momento, no quiero emocionarme ni tener expectativas más altas de lo que en un futuro se pueda reflejar. Pero me tengo que quedar con el misterio…
En realidad, siento la nostalgia heredada por mi padre. Voy a dejar amigos y no tan amigos. Conocidos y desconocidos. Seré más “independiente” y mis actividades no irán en función de la familia. Soy adulto ya. En realidad, todos nos hemos hecho adultos.
Albert estudiará piano en la “universidad de los músicos” de Barcelona. Vladmir también realizará su grado de periodismo en la capital catalana. Entretanto, Jessica y Roser han pasado con dificultades las pruebas de acceso a la uni y se quedarán en Lleida a sacarse el título de Magisterio. Uno de mis mejores amigos, Xavier, ha emigrado (como muchos otros jóvenes españoles) a Berlín. Como él, muchos buenos amigos han tenido que salir de Les Àguiles, el pueblo en donde vivo yo. Y es que se dice que cuando algún amigo desaparece de tu vida, lo valoras más. Ese no es mi caso. Siempre he valorado a todos mis amigos un montón y he intentado llevarme bien con todos ellos. A veces, pienso que he nacido con mala estrella.
Espero que les vaya bien tanto a ellos como a mí. Me gustaría estar con ellos, al menos una vez más, pero se tenían que marchar tarde o temprano. Como yo. Hasta el último momento en el pueblo, seguiré relatándoos con profundidad este año pasado, a nivel de amigos, hábitos y haciendo hincapié en Ainara.
Porque siempre valoraré a mis amigos… Y a ti también, paloma.

viernes, 14 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 13: Desengaño

Capítulo 13 Desengaño
Ayer estuve llorando a ratos y enfureciéndome.  La última frase que me dijo me mató de tristeza. Creía que la había perdido. Y es que, en estos momentos valoras a la persona que más quieres. Cuando la pierdes. Me dejó consternado, extenuado, impresionado, desengañado.
Mi mente ya preveía que esto se iba a acabar pronto. ¿Quién iba a querer estar con un tipo como yo, incluso a seiscientos kilómetros de distancia? Preguntas de ese tipo me invadían.
Me echaba en la cama media hora, volvía al salón donde convivían mis padres, secándome las lágrimas y de nuevo, me lamentaba en mi habitación.
Me hundían las previsiones que hacía para nuestro futuro: ella iba a seguir su camino, eliminándome de su memoria y a mí me quedarían heridas que luego acabarían cicatrizándose. Pero luego pensaba que la había perdido y golpeaba el colchón con el puño y sin que nadie me oyera, suspiraba. Me fui al lavabo y me miré al espejo para ver mi tez. Efectivamente, mis ojos rojos y envueltos en lágrimas, algunas a su vez no pueden resistir a la caída por la piel.
Pasamos de un extremo a otro: primero enamorándonos y luego (según mis suposiciones) odiándonos. Pensaba que todo el mundo me odiaba. Hasta mis propios amigos. Pensé que había nacido con mala estrella. Pero me callé y dejé de llorar. Morfeo me tranquilizo y me hipnotizó con su mejor arma y a la vez, atenuante de los lloros: el sueño.
Empieza el día de hoy. Me despierto con la decepción, pero un poco más positivo. Creo que debo dejar de lamentarme. Tengo esperanzas y creo que lo que pronunció  debo olvidarlo. De todas formas, tengo los síntomas del desengaño. He sufrido muchas veces este tipo de sentimiento tan propio del adolescente, pero no de una forma tan y tan dura. No se pasa de la noche a la mañana.
Me voy a clases sin ánimos. Mi amigo y compañero de clase ruso, Vladimir, me pregunta por mi estado. No le explico nada. Me mira con su cara peculiar. Quiero olvidarme de ello, pero no puedo. Físicamente, estoy en la clase, pero mentalmente estoy en casa reproduciendo aquellos momentos tan duros y tensos. Creo que la saludaré, tengo esperanzas de que podamos volver a retomar sin ningún tipo de tapujo nuestras magnánimas charlas.
Después del aburrimiento escolar viene hablar con Ainara. Enciendo el móvil y ya tengo un mensaje suyo. Me alegro un poco, sigue acordándose de mí. Me pregunta que qué tal estoy y le respondo que mal. Se preocupa y me pregunta qué si fue por lo que dijo ayer. Sin ninguna duda, le digo que sí. Se disculpa:
-“Perdona, Mikel. Es que no encontré palabras más sutiles que esas. Si te he ofendido, lo siento. No era mi intención. No quiero hacerte daño”.
Al escuchar con mucha atención, me animo un poquito más y tomo la decisión de que no debo dejarla. Es y será mi amiga. No voy a desperdiciar nuestra relación.


miércoles, 12 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 12: Premonición


Capítulo 12 Premonición
He quedado con mis amigos: Alberto, Vladimir, Jessica y Roser. Después del día escolar me relajaré con ellos cuatro.
Pero antes de nada, saludo a la lejana. Al cabo de siete minutos, recibo la siguiente respuesta:
-Hola, Mikel. (Se produce una pausa tensa) Mira, te tengo que decir algo. (Tensión de nuevo) Creo que ya no siento amor por ti. Prefiero ser tu amiga. No sé. Estoy confusa. Malditas hormonas…
Extenuado. No tengo palabras. Un jarro de agua fría. Un duro golpe. La decepción me invade. Me quedo callado y me miro al espejo con una cara sorprendida. Mis ojos se vuelven saltones y mi mano hiperactiva frota el cuero cabelludo.
No entiendo nada y tenemos una larguísima conversación:
-No lo entiendo. ¿Por qué?
-Porque creo que lo siento por ti es amistad. Ya te he dicho, estoy muy liada con todo esto, y… Buf… -repite lo que ha dicho anteriormente-.
-¿Qué pasa? ¿Te gusta alguien? ¿Tienes novio? -le pregunto como un estúpido (creo que sí).
-No tengo, qué va. Pero tienes que entender que esto no puede continuar así. No hablamos demasiado. Y estás muy lejos. –sentenció-.
-Creo que eres demasiado pesimista. Temes que esto vaya a peor y por eso renuncias, creo yo.
-No soy pesimista, te digo la verdad.
Esta conversación hace que yo no asista al paseo con mis amigos. Estoy muy frustrado. Se me hunde el mundo. Pero me resigno diciéndole:
­-Nuestro castillo tiene que ser inexpugnable.
-Lo es y lo será. Reconstruyamos la parte que hemos destruido.
¿Parece una reconciliación perfecta, verdad? No es así.
Me voy a la cama desengañado. Lloro bastante. Se ha acabado todo. Ya nada será igual, porque antes de esto ella dijo unas duras palabras que me dolió tanto como un golpe en las partes bajas:
-Esta relación ya no será igual. Va a tener rasguños.

Lloro de impotencia en la cama. Desconsolado, todo me va mal en la vida. Hasta con ella. Qué mierda. Me va a costar asumirlo.

viernes, 7 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 11: Perfección


Capítulo 11 Perfección
Dicen que nadie es perfecto. Pero Ainara, ha llegado a la conclusión de que la perfección es subjetiva. Yo, para ella, soy perfecto. Creo que hasta soy su príncipe azul. A las pruebas me remito.
Basándome en sus teorías, ella para mí también es perfecta. Es dulce, inteligente, guapa. Para mí ella es parte de mi presente.
Para nada la conozco, pero tengo pensado ir a verla. La tengo que ver, la tengo que abrazar y sobre todo la tengo que conocer.
Pero me hago una pregunta. Bueno, unas pocas más. ¿Qué somos realmente? ¿Quiénes somos? ¿Somos novios? ¿Somos más que amigos? ¿Me quiere? ¿La quiero? ¿Nos queremos? ¿Quién soy yo? ¿Quién es ella? ¿Qué piensa ella de mí? ¿Estoy soñando? ¿Son imaginaciones mías? ¿Esto se acabará algún día? Y si eso pasa, ¿cómo reaccionaré? ¿Seguiré siendo su príncipe azul? ¿La olvidaré? ¿Me olvidará? A ver, una, dos, tres… Diecisiete preguntas. ¿Veis cuántas preguntas me hago? ¿Veis como me preocupo para que todo salga bien?
Todo esto es consecuencia de la mala fortuna que he tenido al mantener el contacto con algunas personas. Con Noemí tuve contacto a los doce años, pero a los catorce empezó a menguar nuestra relación. Con Júlia tenía relación cuando iba a catequesis, en la parroquia del pueblo. Nos echábamos piropos constantes y hasta nos decíamos Maite Zaitut. Todo fue muy fugaz y finalmente, ya ni nos saludamos. Desaparecían las esperanzas puestas en estas personas.
Tengo dieciséis años y no voy a dejar que una persona como Ainara, se vaya, que me olvide. Yo no voy a olvidar a aquellas personas que ya no me tienen en su mente. Ni mucho menos, a mi vasca.
Pero hay un problema.
Temo que este amor desaparezca y por lo tanto que se marche nuestra amistad. Tengo mucho miedo.
Pero creo que voy a disfrutar y a gozar. Carpe diem.


Diecisiete | Capítulo 10: Elocuencia


Capítulo 10 Elocuencia
Me despierto. El día empieza distinto. Sólo pienso en lo que me dijo ayer. Estoy muy pensativo como siempre, pero nunca había estado tan contento de encontrarme con alguien tan lejano. De hecho, nunca he vivido ningún amor platónico. No me ha gustado ninguna fémina famosa que me atrajera demasiado. A veces, pienso que esto no saldrá demasiado bien. Pero tengo que disfrutar de ello. Carpe diem.
Me despierta un “Buenos días, mi Mikel”. Yo también le doy los buenos días… a mi Ainara. Me la imagino allí mirando a una maldita pantalla, en lugar de mirarme. Allí postrada, clavada en el móvil. Allí yo postrado, también clavado en el dichoso aparato.
Por la tarde, voy a correr un poco por el parque de Sant Xiroi y yo también la saludo por el móvil. De nuevo volvemos a la misma posición. Así se iba sucediendo el diálogo:
-Hola.
-¿Qué tal, Mikel?
-¡Bien, contigo!
-Yo también, guapa.
Nos intercambiamos elogios. Alguien me comprende. Alguien sabía lo que quería decir el rebaño. No era un simple conjunto de ovejas, sino lo que a nosotros no nos gusta. Algo muy actual, pero a nosotros como personas que discernían de las demás no nos gusta.
-Mira, yo creo que nadie se da cuenta de que todo el mundo está yendo como un individuo quiere. Van como el rebaño
-Y que lo digas – respondía.
Sigo explayándome con mis razonamientos. Elocuencia.
-¿Cómo puede ser tan repelente esta sociedad?
-Mira, yo creo que los populares van con ellos mismos. Sólo te miran por tu físico y punto.
-Claro.
-Somos ovejas negras que no siguen el rebaño.
Coincide su opinión con la mía. Nos gusta leer y compartimos muchas cosas. Es perfecta. Digo algo clave en nuestra relación
-Totalmente. Somos nocturnos.
-Me encanta como hablas, Mikel.
Ainara me encandila con sus palabras, al igual que yo a ella.
-Y tú a mí, Ainara.
Finalmente el día se funde en dos palabras vascas…
-Maite zaitut.

Tal vez, lector, no sabes lo que quiere decir. Pero te aseguro que es algo precioso. Algo que poca gente me lo había dicho. Algo mágico, aunque parezca muy simple.

domingo, 2 de agosto de 2015

Diecisiete | Capítulo 9: Maitasuna

Maitasuna = amor en vasco

Capítulo 9 Maitasuna
Pasan únicamente tres minutos desde que recibe el mensaje. Esos tres minutos los invierto para alegrarme, recibir cosquilleos y soñar. En breves instantes ella me responde:
-Ahora sí que estoy enamorada.
Algo que yo pensaba que nadie me lo diría. Una persona como yo, tan tímida y a veces, tan cerrada conmigo mismo.
Estoy muy emocionado y me quedo totalmente sin palabras.    El silencio irrumpe en mi habitación durante unos segundos. Pero no es por la emoción, (que también) sino por el futuro que nos deparará después de expresar nuestros sentimientos. De pronto, se introduce una palabra que reemplazará nuestra amistad. Y no es precisamente, novios
-¡No quiero que nuestro castillo se derrumbe!
-Nunca se va a derrumbar -respondo con total franqueza.
Nuestro castillo será inexpugnable. Eso lo tengo claro. Estoy tan emocionado. Ojalá pudiera encontrarla y estar con ella, vivir momentos inolvidables… No sé porque la vida es tan mala como para separarnos unos eternos y largos seiscientos kilómetros.

Después de hablar un largo rato y decirnos cosas bonitas, ella se va a cenar. Hablamos un poco más hasta que ella se va a dormir… Nos despedimos con nuestro típico Gabon (que en vasco significa buenas noches) y yo también me dispongo a dormir. Ha sido un día totalmente encantador. Vuelvo a estar en los brazos de Morfeo.

Diecisiete | Capítulo 8: Euforia

Capítulo 8 Euforia
Ya estoy despierto. Me cuesta levantarme de la cama, pero al final me animo. Me tomo el desayuno, me visto, me arreglo y sobre todo vuelvo a pensar en lo de ayer.
Sólo han pasado ocho días desde que ella y yo hemos entablado una amistad. Pienso y pienso… ¿Soy yo? ¿Vuelvo a estar ansioso de tener a alguien que me quiera, aparte de mi familia?
Todo el día, absolutamente todo el día, llevo pensando en ello. Estoy confuso y siento algunas mariposas en la tripa.
Le saludo y hablamos lo típico: qué tal estás, qué haces… Nos grabamos nuestras propias voces para que luego cada uno escuche lo que pronuncia el otro.
No me decido a decirle nada de lo ocurrido el día anterior, hasta que me atrevo.
-Ayer estuve pensando en lo que me dijiste ayer. Aquello de “me gusta el chico de las novelas románticas”. He estado pensando todo el día acerca de esta frase. ¿Me podrías decir exactamente lo que quieres decir con eso?
Se ríe y responde:
-¡Qué momento más incomodo! Bueno, verás… Es que no puedo reprimir los sentimientos que yo tengo hacia ti y no sé… ¡Es que tus poesías y tus frases enamoran! ¿Tú te has oído?
¡Oh! ¡Se ha enamorado de mí! Dios mío… Yo, que soy tan seco y tímido. Yo que estoy a seiscientos kilómetros. A mí nunca me ha visto. Yo tampoco a ella. Pero a mí ella también me inspira. ¡Es magnífica!
Yo le respondo:
-Mira, Ainara. Agradezco tu apoyo con mis poesías y te doy mil gracias sobre ello. He estado reflexionando sobre nuestra amistad.
Continuo:
-Y pienso en ti. No sé, eres una chica majísima…
Y finalmente sentencio:
-Yo también me he enamorado de la única chica que conozco de Euskadi.

Un silencio solemne. Unos sentimientos irreprimibles. Seiscientos kilómetros que nos separan. Dos adolescentes. Esto marcará un antes y un después. La quiero y la querré.

viernes, 24 de julio de 2015

Diecisiete | Capítulo 7: Y los sueños, sueños tal vez son

De nuevo, como cada viernes, en el blog se publica un nuevo capítulo de Diecisiete.
Por cierto, durante toda esta semana, habrá una entrada cada día. ¿Qué os parece? Mañana enseñaré los libros que he recibido en el MACRO In my Mailbox y el domingo leeremos la entrevista de la escritora de Camilla Läckberg y mostraré los libros y su carrera como escritora.
Ahora, el séptimo capítulo: Y los sueños, sueños tal vez son. Un capítulo breve pero muy emocionante. A partir del octavo, los capítulos serán más largos.



Capítulo 7 Y los sueños, sueños tal vez son
Esta fase es totalmente frenética. Unas horas de incógnita, confusión, felicidad y mucho más. Me quedo toda la noche sin dormir, un insomnio que va a durar toda esta noche. Hiperventilo constantemente como si no tuviera que hacer nada más.
Creo que esa frase va dirigida a mi persona, pero nunca se sabe. Tal vez son ilusiones mías y esté soñando, o esté loco. Vuelve la confusión a mis adentros. Esto dice mi mente:
“Mejor no me obsesiono. Voy a dormir un poco, no te hagas ilusiones. Deja la mente en blanco, Mikel. Voy a ser precavido. Esas ilusiones, que no sé si lo son, pueden disiparse mañana, en cuanto se lo pregunte. ¿Cómo puedo ser yo, si soy un tío repelente? Eso dice la gente. Voy a tranquilizarme y a tomarme las cosas con calma.”
Pongo la mente en blanco durante unos minutos, pero el pensamiento vuelve a mi mente. Vuelvo a pensar y así hasta la una de la mañana.

Morfeo me hipnotiza y me induce al sueño. Mañana todo se va a aclarar. Tendré que pensarme la pregunta con calma. Finaliza mi conciencia en este mundo.

¡Feliz fin de semana!

miércoles, 22 de julio de 2015

Diecisiete | Capítulo 6: Poesía nocturna

Un día más, tenéis un nuevo capítulo de mi novela: Diecisiete. A petición de algunos seguidores y de las ganas puestas en publicar la novela, los miércoles también publicaré un capítulo de Diecisiete. Por supuesto, que los viernes estará disponible la nueva entrega del libro. Gracias por vuestros comentarios positivos.

Aquí tenéis el capítulo sexto: Poesía nocturna. ¡Disfrutadlo!


Capítulo 6 Poesía nocturna

Soy como un búho. Por la noche me inspiro, se despierta mi inspiración. Después de estudiar y resistir la jornada del instituto, hablo con ella y se enciende mi espíritu más poético.
Al producirse tal hecho, ella también se inspira. Comenzamos a imaginar. Todo esto por la noche, el momento en el que la imaginación resplandece en la oscuridad.
Una colina, el lugar. No hay espacio temporal. Sólo hay lobos y otros seres nocturnos. En esta historia no somos más que simples lechuzas, como las de Minerva. Seres voladores, murciélagos que nos inspiramos. Nuestras dos imaginaciones se mezclan para formar este hermoso relato.
Nuestras lecturas, nuestra creatividad portentosa no tiene límites. Más allá se ve el horizonte de nuestras almas…

Ella de pie en Euskadi y yo sentado en Cataluña vivimos esta historia como si fuera real. Algo totalmente desconocido irrumpe en nuestras almas. Entonces notamos que hay espacio entre nosotros. No sólo los seiscientos kilómetros, sino el espacio temporal del Romanticismo.

Pero de pronto, se interrumpen esos minutos de pasión con un mensaje externo que pronuncia:
-      “Me encanta el chico de las novelas románticas”.

sábado, 18 de julio de 2015

Diecisiete | Capítulo 5: Hain urrun eta hain hurbil

Aquí vuelvo con el quinto capítulo de mi historia. Hain urrun eta hain hurbil, significa "tan lejos y tan cerca" en euskera. 
Antes de leer el quinto capítulo, me gustaría saber si tenéis ganas de publicar dos capítulos por semana. ¡Muchas gracias por leerme!

Capítulo 5: Hain urrun eta hain hurbil.
Me encanta leer y a ella también. Redacto entradas en mi blog sobre libros que voy leyendo y demás noticias literarias, y en otro alternativo escribo mis poesías, el fruto de mi inspiración.
Desde el año pasado que escribo. Desde aquel momento en que estaba enamorado de mi compañera de clase, Elisa. Era maja, guapa y lista, pero me rechazó. Le supliqué y le manifesté mi amor al máximo, pero ella no cambió de opinión. Ahora ella tiene su novio, de 18 años. Aquel fue el primer amor loco que tuve hacia una chica, a los catorce años.
Ahora le enseño mis poesías a Ainara. Le encantan. Dice que tengo un talento portentoso. Sin embargo, no es más que la simple inspiración, que la tengo bien desarrollada.
Cuando hablo con ella, también me inspiro. Empiezo a teclear frases que riman y otras que simplemente son “preciosas”.
También le confieso que mi libro preferido es uno romántico de Lamartine. Estuve en vela desde las diez de la noche hasta las dos de la madrugada para leerme doscientas páginas de un tirón.
A ella le parece raro que un chico lea, ya que las chicas acostumbran a leer más que los chicos. Aún así, ella es una de esas pocas adolescentes que divaga entre líneas.
Es una amiga con la que no quiero perder el contacto. Espero que no sea una amistad fugaz, que dure mucho.
Es alguien especial. No lo sé. Ya vuelvo con las dudas.
Pero sí que sé algo. Buscaba a alguien que le gustara leer y pudiera compartir con ella algunas lecturas y hablar de algunos libros. Aquí ni en el pueblo ni en las cercanías hay demasiada gente que le guste leer y escribir, aparte de mi mejor amigo Joan, un amigo muy inteligente, que saca buenas notas y que le encanta la cultura y la lengua alemanas.
Es mi mejor amigo, es verdad. Pero ahora mismo, me gustaría poder hablar con Ainara en persona. Hablar y hablar sin tapujos, sobre libros y sobre nuestras cosas de adolescentes…

La distancia nos separa, pero nuestras almas están muy cerca. Pero admito que no hay nada mejor que tener a una buena amiga en persona. Ojalá estuvieras a mi lado, Ainara.

domingo, 12 de julio de 2015

Diecisiete | Capítulo 4: Filosofía

Cerramos el fin de semana con el cuarto capítulo de mi novela: Diecisiete. Antes de leer, me gustaría agradecer gratamente a las personas que seguís la historia en el blog y que tenéis unos comentarios tan positivos que me satisfacen mucho, de verdad. 
Luego, deciros que, a partir de la semana que viene, va a haber muchas entradas en el blog. Intentaré que sea una por semana, aunque no prometo nada. Habrá una entrevista a una escritora procedente de un magacín, algún In My Mailbox, con mis nuevas adquisiciones de este mes, crónicas de mis vacaciones y el capítulo semanal de #Diecisiete. No faltará la reseña de un libro de Àngel Brugas, prestado (¿o regalado?) por mi profesor de lengua castellana. Desde aquí, le mando un fuerte abrazo. 

La semana que viene, el quinto capítulo. Ahora, un poco de Filosofía.



Capítulo 4 Filosofía
            Siguen las conversaciones con Ainara. He hablado un montón              con ella, tanto escribiendo como por audios.
No tengo palabras… Coincidimos en tantas cosas, pero nos separa los 600 km de distancia.
Vamos a cumplir una semana de nuestra amistad y todo va viento en popa. Las experiencias pasadas que tuvimos, las opiniones que tenemos sobre la sociedad de hoy en día, las lecturas que nos gustan, el atletismo como el deporte en común…
¿He encontrado mi alma gemela a seiscientos kilómetros? ¿Las amistades están más lejos de lo que creemos? ¿Estamos unidos, a pesar de lo que dista su pueblo con el mío?
¿Qué somos? ¿Quiénes somos?
Para mí, Ainara es mi amiga, como yo lo soy para ella. Nos encanta la forma de hablar de los dos… Constantemente, solemos elogiar nuestras palabras porque coinciden con la opinión del otro…
Ella me saluda primera cada día y yo le devuelvo el saludo. Antes me definía como alguien solitario. Ahora me siento totalmente cómodo al hablar con ella… Es alguien tan especial… No hay palabras…
Me hago muchas preguntas con múltiples respuestas. Sin embargo, la adolescencia me impide responder con una idea clara.
Las hormonas nos afectan mucho, muchísimo. No lo sé. Esa es la muletilla de cada día. “No sé si me entiendes” también es una de esas acérrimas expresiones que frecuento.
¿Soy ignorante por preguntar y por no saber responder? ¿Soy sabio, por el simple hecho de preguntar?
La respuesta es una palabra griega: filosofía, que significa “amor por la sabiduría”.
¿Ainara y yo somos filósofos en potencia o simples jóvenes en este momento? Yo creo que sí.
¿Somos maduros? Opino que falta mucho por aprender.

¡Hasta mañana, lectores! Besos y abrazos desde Tàrrega.

sábado, 11 de julio de 2015

Diecisiete | Capítulo 3: Preámbulo

¡Ya he vuelto de mis vacaciones! Y tengo mucho contenido por publicar, que lo haré visible a lo largo de estos días. Por eso, hoy mismo os publico el tercer capítulo de mi novela: Diecisiete




¡Muchas gracias por los comentarios tan positivos de esta creación! Os echaba mucho de menos, así que os debo más de una. Disfrutad del tercer capítulo. Mañana, el cuarto. ¡Buen verano, lectores!



Capítulo 3 Preámbulo
Os he contado cómo nos conocimos brevemente. Pero nos he explicado cómo me sentí al oír de boca de mi madre esto:

-Conocí a una chica de catorce años cuando estuve con mi amiga. Se llama Ainara y es una chica que le gusta mucho leer, al igual que tú. Le he propuesto a su madre que podríais poneros en contacto. ¿Qué te parece?

Oí aquella frase con indiferencia por el desconocimiento y con interés por hablar con una persona que le encanta leer libros. Así respondí a mi madre:

-Como ella quiera. Que no lo haga por obligación.

Mi madre me oyó y a lo largo de los días, se empeñó en que nos pusiéramos en contacto. Lo logró con mucho afán.  Después de hablar con su madre, le convenció para que chateáramos.
Aún así, no estuve muy pendiente, hasta que un dieciséis de octubre, de repente, aquella tal Arantxa me habló por chat.
Una conversación de pocas frases en donde temía que le molestara. Para nada le molesté.
Ya el diecisiete de octubre tuvimos nuestra primera conversación larga en donde me preguntaba todo sobre mi afición literaria. Respondía con mucho gusto y cada vez más, el interés para conocer el uno al otro se acrecentaba.

A pesar de eso, yo sólo la contaba como una amiga más. Ahora, a medida que hablamos, vamos coincidiendo en gustos, en opiniones. Nuestras almas se fusionan. Ella y yo, desde aquel día diecisiete

viernes, 26 de junio de 2015

Diecisiete | Capítulo 2: Nostalgia

Segundo capítulo de la novela Diecisiete. Se presenta uno de los personajes clave de la novela. 
Disfrutad de la lectura. :)

Capítulo 2 Nostalgia
Allí tengo la esperanza. En San Lorenzo conocí mi primera amistad de esa tierra, Elena. Elena era una chica de rizos morenos que conocí precisamente en la escuela donde yo iba a jugar al fútbol. No recuerdo muy bien qué tiempo hacía en el pueblo, pero sí me acuerdo de que iba con un balón. Entonces, me invitó a jugar. En aquellos tiempos (ya que cuando eres pequeño no eres consciente) me parecía raro que una niña practicara este deporte. En cualquier caso, ella se mostró muy amable conmigo y me lo pasé muy bien. Al día siguiente, quedamos para volver a jugar y así lo hicimos. Tengo imágenes que se me han quedado grabadas.
Mientras corríamos detrás del balón, intenté que ella no marcara un gol y la hice caer. Se cayó, pero en cinco segundos se levantó y seguimos jugando. Asimismo, hicimos pequeñas pachangas con chicos. Pero, sobre todo, en mi mente ha quedado retenido un momento, un instante. Descansamos un poco y hablamos sobre nuestras familias y de nuestros gustos en un banco, solos. Nos dimos nuestras direcciones para enviarnos cartas y posteriormente, nos dimos el teléfono para llamarnos. Sus padres vinieron para decirle que volviera a casa. Sin embargo, Elena les contestó que estaba conmigo y que nos dejaran un rato.
Un monte divisaba el cielo y la conversación se alargó hasta que mis padres me avisaron para que me fuera. Aquel fue el último día en que vi a Elena.
Tal como lo he relatado parece que fuera un momento romántico. Pero sólo éramos chavales de once y nueve años. Dos años de diferencia eran los que nos separaban. Además, en esa edad no somos conscientes de lo que es el amor. Ni siquiera se nos pasa por la cabeza esa palabra. Estos momentos quedarán unidos a mi alma. Brindo por los buenos recuerdos.
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Ahora mismo allí tengo una persona que se ha convertido importantísima en mi vida, que ni nos conocemos. Su nombre es Ainara. Hablo con ella por teléfono y es una persona única. Me encanta como habla, y le encanta como hablo. No lo sé, me gustaría conocerla o ser su amiga. Pero soy muy tímido.
Todo esto no hubiera sido posible si la casualidad (¿o el destino?) no hubiera actuado en el momento preciso:
Mi madre quedó con una amiga de País Vasco, en sus vacaciones de verano,  y fueron juntas a la Fiesta Mayor de Otsoak. Allí se vieron con una amiga de la amiga, que por consiguiente, es la madre de Ainara, que también estaba ahí.
No vine porque tenía que asistir al instituto pronto.
Retomaron la charla hasta que hablaron de mí, mientras Ainara estaba presente.
Al volver de sus vacaciones, mi madre me contó que conoció a una niña “que le gustaba leer” y “que se parecía a mí”. Yo, por aquel entonces, me lo tomé con indiferencia, al igual que ella. Empezamos a contactar y por eso, ahora entablamos tan buena amistad, tan lejanamente.
Ahora mismo, no puedo ir allí, ya que estoy con mis estudios de Bachillerato. Pero si este verano, mi familia puede, vamos a ir a visitar a mi familia y además a Ainara.
Hace seis años que no voy a tierras verdes y me gustaría pisar y oler la humedad propia del País Vasco. El sirimiri y el cielo nublado es algo que echo mucho de menos de Ermua.
Recuerdo perfectamente el parque que hay a cien metros de la casa de mi abuela. Está al lado del peaje y al mirar hacia esa dirección puedo contemplar el horizonte lleno de coches y carreteras. Detrás del San Lorenzo se observan los montes verdes. Un paisaje precioso, visto desde abajo.
Qué recuerdos…

Si todo va bien, podré volver a respirar el aire de la tierra vasca, oír el pío de los pájaros, contemplar la urbe renovada y llena de personas en las terrazas de los cafés hasta los domingos, y por primera vez podré hablar cara a cara con ella.

Íñigo Ovejero. 2015

viernes, 19 de junio de 2015

Diecisiete | Capítulo 1: Experiencias pasadas

Aquí tenéis el primer capítulo de mi primera novela: Diecisiete.



Capítulo 1 Experiencias pasadas
San Lorenzo. Así se llamaba el colegio donde yo jugaba al fútbol, donde mi abuela se sentaba los días de sol y de lluvia.
Subiendo la cuesta estaban los montes y a mano izquierda, se situaba el peaje y un parque con suelo de caucho. Un aire nostálgico y un cielo mágico era el que tenía Ermua, el epicentro de la familia por parte de mi madre.
Aquel pueblo humilde era una de mis inspiraciones.
Y ahora, estoy en el instituto, estudiando en Primero de Bachillerato, desarrollando mis conocimientos. Ya tengo dieciséis tacos.
Suelo estar pensativo en algunas clases, pensando en el ocio que a mí más me gusta.
Hace cuatro años que no voy al pueblo de mi abuela, que producía nostalgia, tanto en el estío como en invierno.
Ese “país vasco” me produce nostalgia y melancolía, cosa que es muy usual.
Casi toda mi vida (y hasta ahora) he vivido en Les Àguiles. Una ciudad con aires de pueblo corrompido por la arrogancia de algunos de sus ciudadanos, sin necesidad de generalizaciones. El ambiente del pueblo no es el idóneo para mí. Aún así, hay gente que siempre se ha portado bien y que ha sido de toda la vida del pueblo ilerdense.
Esos domingos donde en la calle no hay nadie y la ciudad está desierta. Donde puedes gritar de rabia por la escasez de amabilidad. Ese es el único momento donde nadie te escucha, porque si oyen algo, empiezan a criticarte, y a preguntarte porqué vives aquí entonces.
Allí arriba, a unos seiscientos kilómetros está la luz. No me quiero hacer ilusiones. He nacido aquí y aún así, es extraño que a mí no me agrade el pueblo. Los pocos amigos (y suficientes) que tengo son las únicas personas que me pueden alegrar, aparte de mi familia.
Allí estaban los cuatro: Jessica, Roser, Albert y Vladimir.
Ya no tengo tantos amigos cercanos. Las mejores amistades viven lejos: en Francia, en Palencia…
Pero siempre me quedo con los buenos momentos pasados. Sobre todo, me quedaré con la aparición en mi vida de aquella chica lejana y perfecta a la vez…

Íñigo Ovejero. 2015.

VIERNES 26: Segundo capítulo de Diecisiete.